A llanto vivo

mb

Con bastante dificultad se las amañó para estacionar sobre Pettirossi, en pleno Mercado Cuatro (y entre puesto y puesto fabricado a base de containers) el Mercedes Benz de su jefe. A pesar de la experiencia que da tener años al volante, esas nuevas construcciones que bloqueaban parte de la calzada hacían que Saúl debiera esforzarse un poco más que antes para quedar bien acomodado en aquella avenida tan transitada de la capital paraguaya. Lo que sí permanecía igual para lograr su cometido era la vista gorda que hacía el policía dedicado a custodiar ese cruce de calles.

Saúl había que en aproximadamente veinte minutos su patrón concluiría su rutina. Primero bajaría del coche, luego haría lo que condenadamente hace cada martes y volvería a subir al vehículo para dirigirse a su residencia en la zona del barrio Trinidad, pero…

Sigue leyendo

Anuncios

Tres historias reales de ejemplares reales en este día del libro

libros-viejosUna manera de Homenajear a todo lo que tiene que ver con el libro y lo que lo rodea sería -seguramente- hablar de grandes autores o grandes títulos o grandes reflexiones desprendidas de la gran literatura que tenemos en el acervo cultural más importante que pudo acumular el ser humano.

Desde este humilde espacio simplemente queremos hacer llegar tres mínimas historias reales vividas alrededor de ejemplares de ciertos libros de -tal vez- poca importancia en el acervo que comentamos arriba, pero que pueden marcar una vida en cuanto al relacionamiento con la lectura y del libro más que nada como concepto.

Sigue leyendo

La buena acción de Navidad

17647832[1]
Terminó de leer una vez más “La niña de las cerillas” y un escalofrío le recorrió la espalda, los brazos y las manos, hasta las yemas de los dedos. Afuera, tras la ventana, los copos de nieve, densos, caían tupidamente formando una cortina blanquecina contra el fondo negro, balanceándose de un lado al otro a merced del viento, frío y cambiante.

Miró hacia el termómetro colgado en la pared y rápidamente se percató de que el mismo marcaba una temperatura inferior a la que se congela el agua en el refrigerador, según le habían enseñado en la escuela. “¿Sería la misma temperatura la que congela el lago?”, se preguntó, recordando que el año pasado, en un día claro pero frío, le habían llevado a patinar sobre la superficie helada del lago al cual hacía referencia. Recordó, también, la cantidad de abetos con nieve en sus ramas que podía ver desde allí, patinando. Árboles de Navidad reales. Nada de las miniaturas de plástico que tenía en su casa, adornado solamente con listones rojos y dorados de pies a cabeza y con la estrella del vértice como único punto llamativo. ¡Qué fiasco ese arbolito!

Sigue leyendo

Entrevista con un vampiro

sombra_vaso

A la hora pactada llega, no por recordarlo, sino porque quien le sirve de tiempo completo se lo recuerda y lo llama. Viene totalmente despreocupado, desprovisto de prejuicios y enojos. Se sienta a la mesa que había dispuesto su asistente –y a la que yo ya me hallaba sentado– y me dispongo a sacar la netbook, ya que tengo pensado grabar la entrevista con el software grabador de voz: había olvidado la grabadora en mi habitación.

Se acerca en ese momento su asistente y deja frente a él un vaso casi rebosante del néctar animal, aquél que consumía todos los días, tanto por las tardes a la puesta de sol como al amanecer.

Sigue leyendo

Caminos Sinuosos

sinuosos

Es increíble la cantidad de cosas que pueden pasar por el cerebro en un momento de tedio, como viajando en colectivo sin apuro o en medio de una clase magistral de Derecho Marítimo sentado en la fila cinco.

¿Alguien se puso a contar alguna vez la cantidad de barbaridades y niñerías que se apoderan de la mente por un instante, llevándonos al siguiente eslabón del “razonamiento” a la deriva?

Sigue leyendo