Como patada de chancho IV

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Volvemos a publicar una camada de microcuentos, para no perder la costumbre de que vayan saliendo a la luz y no queden enmohecidos en algún rincón digital de mi disco duro.

Secuela

Hojeó el libro con desdén una vez que hubo terminado de leerlo. No le pareció la gran cosa. Sin dudas no había colmado sus expectativas. Dio un suspiro y decidió volver a su tumba, a revolcarse. La crítica estuvo en lo cierto.

Cacería

Un amanecer grandioso, con el sol despuntando rayos dorados sobre los manzanos, el trigal y el cráneo abierto del último observador y amante de las estrellas. Las malvadas multinacionales habían vencido.

Eligiendo deportes

¡Splash! La superficie enrojecida su abdomen lo devolvió —a los 10 años y con ligero sobrepeso— al arco de fútbol, acabando su incipiente carrera como nadador olímpico.

Machismo

Rezongó, por no perder la costumbre, pero en su fuero interno estaba satisfecha de hallar a su hijo en pleno acto con una rubia en el baño de damas del restorán.

Che, bandoneón

Aquél bandoneonista tocó hasta el último día, hasta el último momento en que pudo. Ejecutó la cumparsita hasta unos pocos segundos antes de que la tuberculosis lo dejara para siempre tendido en la vereda frente al cafetín. Necesitaba las monedas, es cierto, y los aplausos; pero más aún seguía tocando por no romper la promesa de  jamás abandonar su bandoneón.

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