Un café memorable

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El sol poniéndose podía adivinarse tras los edificios de la contraesquina. En la mesa del café, sobre la vereda, dos almas amantes se contaban mutuamente los acontecimientos del día que se iba. Los faros coloniales dispuestos cada veinte metros empezaron a encenderse, dándole el toque romántico a Calle Palma, a esta hora semidesierta y con muy pocos vehículos circulando. La suave brisa, venida desde la Plaza Uruguaya, dibujaba formas diversas, contorneadas, con el humillo que se elevaba desde sendas tazas de café, uno negro, el otro cortado.

Acompañaba, además, el clima templado de un septiembre que no terminaba de dar paso a la lluviosa primavera paraguaya. Un septiembre que parecía embelesado por el inicio de una nueva relación amorosa, floreciente y benigna para nuestros personajes, que ahora se toman delicadamente de las manos, mirándose a los ojos y sonriendo, como posando para un invisible fotógrafo.

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Reencuentro

2015-01-10 11.08.40

¿Acaso no pasó nada?
¿Todos los días te veo?
No es asi, y vos lo sabés,
y me causás desconsuelo.

El sentirte aquí, tan cerca,
después de varias semanas
hace que esta pasión crezca
y se reavive la llama.

Debo igual reconocer
que a través de estos mil días
todo lo que pude hacer
es pensar que te tenía.

Y ahora,
que grandes nubes grises han empañado la tarde
Yo sé
que el sólo poder mirarte hace que a tu ser me amarre.

Adiós,
te vas ahora de nuevo y quizá esta vez sea para siempre
Y yo,
lucharé contra el dolor hasta ganar, de repente.

Quizás,
el caprichoso destino nos depare algún encuentro
Y aún,
conservaré mi ilusión hasta que llegue el momento.