Anhelo

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Actualmente existe la posibilidad de escribir en un medio electrónico mientras se está en el baño. Es una de esas cosas que ni el más imaginativo escritor de Ciencia Ficción podría haber anticipado. Es cierto que, sin dudas, la comodidad que nos aventuramos a anhelar los nerds tiene que ver con poder comer, ir al sanitario y navegar por internet al mismo tiempo —sobre ponerla ni reflexionamos— pero esto ya fue luego de que las Mac y las PC (sobretodo estas últimas) dominaron el mundo.
El valor del smartphone, entonces, tiene uno de sus pilares fundamentales en la añoranza de un grupito de relegados sociales que un día decidieron ir tras la búsqueda de la felicidad —en someter a nuestros bravucones también soñamos, pero somos realistas—.

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Último esfuerzo

silueta-de-escritorLa desesperación lo tomó todo, y desde allí relataré. La angustia de ese momento podría catalogarla fácilmente como la más profunda hasta entonces. La sensación de sentir una pesada mano que apretaba mi cuello, me hacía sentir que la metáfora llegaba al punto de fuga. A esa certeza de que literatura y realidad se funden, que es imposible abstraerse de lo que se lee. Que es aún más imposible abstraerse de lo que se escribe.

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Luces de madrugada

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La escarcha cubría el pasto en todas las direcciones y hacía un poco más luminosa aquella madrugada al reflejar la pálida luz de luna llena que caía hacia el horizonte. El aire frío se colaba a través de las fosas nasales hasta los pulmones de Julián, pasando antes por entre los hilos que formaban la tela un pañuelo blanco. No había forma de evitarlo, tenía que respirar, y con suficiente velocidad como para airearse correctamente: Julián andaba al trote.

Las fuertes botas iban dejando marcas en el suelo, el registro de que el día ya había comenzado aunque fueran recién las 4am. En exactamente ocho minutos recorrió los mil metros que lo separaban del techito de la estación del tren, ya en desuso, donde se permitió aminorar apenas la marcha. Julián estaba en tiempo, pero el ligero entumecimiento de las manos le daba la señal inconsciente de que se diera prisa.

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Un instante… tras semanas

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Esto es algo muy simple
y se me hace conocido
estas horas que pasamos
mi dolor han revivido.

¿Cómo puedo deshacerme de esto
si, cuando estoy por lograrlo,
de nuevo te siento?
¿Alguien me puede decir,
aunque sólo por piedad,
cómo la puedo dejar,
que se pierda, en un momento?

Pero no quiero mentir,
no estaba ni aproximado
a sacarla de mi mente.
Mas nadie podrá decir
que los días y las distancias
no se perdieron en ese instante.

Es un instante tras semanas,
un desgarrador reverdecer de pesares,
un amargo reencuentro con lo más dulce,
una cruda realidad que me conduce
a volver a sentir las ansiedades
y llena —otra vez— el aire de gravedades.