Resurrección

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La resurrección es químicamente imposible. Considerando que la muerte es el punto de quiebre de la entropía de un ser vivo en cuanto a sus sistemas de supervivencia. Algo que “resucita” es algo que en realidad nunca estuvo muerto. Él pensaba en eso mientras se aclaraba la mente y se ponía de pie. El agradable aroma que desprendía no se debía solamente a las flores que cubrían parte de su cuerpo cuando despertó, sino de su propia carne incorrupta. Incorrupta tras tres días. No pudo evitar asociar todo aquello con el célebre episodio de Lázaro. A pesar de las heridas, no hubo infección gracias a la dedicación con la que fue preparado para el sepelio, con una higiene casi exagerada.

Ya firmemente sentado en el sitio donde había estado reposando, se frotó los ojos con una mano y con la otra acomodó su parte baja, que sentía prisionera e incómoda. Se rascó la cabeza y comprobó que su cabello estaba más sedoso y arreglado de lo que jamás había estado antes, él tan acostumbrado a las greñas que le dejaban el viento y la arena del desierto. Comprobó su aliento: más flores, predominaba la vainilla. Estiró los brazos por encima de su cabeza y los mantuvo, tocándose el dorso de las manos entre sí, hasta que escuchó un ligero crac, entre los omóplatos y luego descansó.

No había resucitado en el sentido estricto de la palabra, pero le pareció un buen término para simplificar las explicaciones. Lo que importa es el mensaje, se dijo en el momento en que se ponía de pie, y agradeció, además, que se tuviera por costumbre sepultar en espacios tan aireados y no en pequeños nichos, o peor: que los cuerpos fueran cremados.

Un murmullo de mujeres a lo lejos lo sacó de sus cavilaciones ¿Quiénes serían? Tuvo entonces un deseo venido de su lado más humano: ver una pequeña cuota de su propio funeral, aunque solo fuese un bis y no fuera el consabido momento de las últimas palabras, en el que se habla tan bien del difunto. Tomó fuerzas y empezó a escalar por la escarpada pared de la cueva, ya que no tenía otro lugar donde ocultarse pero quería presenciarlo todo. Con esfuerzo logró abrazarse a una gran roca sobresaliente que le permitía ver todo el panorama de su sepulcro de un lado y lo que podría ser una acumulación de aguas subterráneas del otro.

Los murmullos se oían cada vez más cerca y él se disponía a disfrutar la escena cuando se dio cuenta de que ¡no había muerto al cual visitar! El lecho vacío de él y conteniendo solo la sábana limpia y las flores no sería lo que esas mujeres venían a ver.

¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh!

El grito femenino fue tan fuerte y resonó tanto dentro de la cueva que lo aturdió, perdió pie y allá fue. Cayó para el lado del pozo donde finalmente se ahogó.

Las mujeres aseguraron que no estaba ¡que había resucitado! Muchos visitaron luego la cueva de su sepulcro. Su cuerpo jamás fue hallado.

Imagen: ‘Un túnel en la tumba de Seti I’ de http://www.bloganavazquez.com/
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