Idea

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La brillante idea se le apareció en el nebuloso momento en el que el sueño da paso a la vigilia, una caliente mañana de agosto con el sol bastante arriba ya en el cielo.

Se dijo que la idea era lo bastante impresionante como para que no se le borrara de la cabeza mientras se levantaba a darse la ducha matinal, fría, para aclarar ideas y conceptos. Y así fue, en efecto, siguió desarrollando la posibilidad en su mente, tratando de ver implicancias paralelas y escollos que fuesen difíciles de salvar.

—Encender. Canal 25 —dijo. Quería oír, y ocasionalmente ver, las noticias mientras trabajara. La smart TV ejecutó la orden sin demora, pero en la pantalla le apareció el cartelito: “Favor, acérquese a abonar la factura emitida en 07/31”.

Lo había olvidado, pero el cartelito de la televisión de pago también le recordó, al activar sus resortes mentales, que los problemas financieros por los que atravesaba eran graves, y no era seguro que tuviera tiempo de poner en práctica su reciente idea, por más brillante que fuera.

Terminó de secarse y vestirse con ropa ligera. Fue a la cocina y volvió con la taza de café caliente, dispuesto a darle a su idea un cuerpo de caracteres en el ordenador. Tecleó por una hora sin parar, entre la efusividad de dar vueltas y vueltas a aquél concepto y la no-distracción generada por la TV, encendida pero inútil, antes de ir y volver con otra taza de café. Continuó tipeando.

El sol que se colaba por la ventana proyectaba sombras cada vez más cortas, mientras el traqueteo de las teclas del ordenador componía la única música que embargaba la habitación. Un extraño ronquido desde sus entrañas mismas lo sobresaltó de repente. No sentía conscientemente hambre, pero tuvo que rendirse ante la evidencia. Cerró el ordenador, se calzó las sandalias y bajó al barcito de en frente.

—Mierda—dijo, su mesa de siempre estaba ocupada. Eligió una lejos de la ventana, pero sabía que no era lo mismo. En la mesa de siempre nadie podía ver lo que escribía, en esta, sin embargo, no ocurriría lo mismo ¡Y con la necesidad que tenía ahora de mantener su secreto! Su idea, la que la sacaría de la angustiosa situación, podría ser ojeada por algún curioso.

Pidió una ensalada, pensando que era lunes —tal la sensación interna de trabajo arduo—, y un jugo de naranja. Su estómago volvió a gruñir, como si hubiese escuchado el pedido. Trató de concentrarse entonces y, justo cuando lo solicitado llegó, decidió que dedicaría la tarde a corregir. Cerró el ordenador y se dispuso a sazonar la ensalada con poca sal y mucho aceite de oliva.

 separador—… Cerré el ordenador y me dispuse a sazonar la ensalada con poca sal, pero con mucho, mucho aceite de oliva.

Una cerrada ovación se alzó en el auditorio, la gente aplaudía de pie. Casi todas las señoras y señoritas —y algunos hombres también— tenían lágrimas rodando por sus mejillas. Nadie sabía a ciencia cierta si la historia era realmente tan emocionante o si era inequívocamente dramática porque dio fruto al concepto más emblemático y revolucionario del siglo XXI.

separador La brillante idea para un cuento corto se le apareció en el nebuloso momento en el que el sueño da paso a la vigilia…

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