El secreto de la alfombra

alfombra_shaggy_gris_detalle2

Las gotas de sangre se veían, oscuras, nítidamente sobre la pared blanca. Exactamente una semana antes la habían vuelto a pintar, por eso el blanco que casi resplandecía denotaba tan fácilmente aquellos rastros que había dejado el asesino, horas antes.

Sin embargo, la preocupación mayor de la encargada del aseo de esa oficina, Romina, era la alfombra. Un gran charco hediondo y amarronado era ahora lo que debía hacer desaparecer para que el lunes las actividades se reiniciaran como si nada hubiera pasado, como si la muerte hubiera obrado de manera natural y aquel miembro de la organización faltante solamente perteneciera a un recuerdo lejano. Como si no fuese realidad que habían terminado con su vida entre esas paredes y de manera brutal.

Romina tenía 19 años, estaba estudiando en Bellas Artes pero necesitaba el trabajo. Había arrancado en la empresa hacía menos de un mes y no llegó a conocer al desafortunado que le había, con la pérdida de sangre, dejado la “tarea”. Aunque sí conocía a quién perpetró el hecho, lo ignoraba por completo. Se disponía a empezar con la faena tras haber recibido de parte del fiscal el visto bueno. En esa calurosa siesta de sábado, la policía había ya relevado todos los datos necesarios para dar curso a la investigación y al cadáver, claro.

–Hasta luego, doctor –se había despedido.

–Hasta luego. Estaremos por acá el lunes, seguramente– recibió Romina por respuesta. Luego dio media vuelta para encarar la tarea.

Un homicidio en la oficina, eso no se ve mucho, pero en lugar de una sensación de inseguridad por estar allí, lo único que pudo sentir dentro de ella fue fastidio, pues sabía que iba a retirarse pasada ya su hora de salida.

separadorCuando se tomó un momento para descansar, parándose y recorriendo con la vista el despacho, no pudo evitar toparse con una foto del difunto el panel de noticias. Allí lucía una amplia sonrisa y vestimenta sport. Estaba acompañado por un niñito de unos cinco o seis años, sonrisa a pleno y mejillas sonrojadas, su hijo, en alguna de las plazas de la ciudad. El título, dibujado con grandes y gordas letras a mano, decía “Feliz día papis”.

Inmediatamente volvió a pensar en que el estar fregando en esos momentos no era lo peor que le podía pasar: una esposa estaría recibiendo por entonces una horrible noticia en el country, como oyó que le decían al barrio residencial privado donde vivía.

La desesperación de la pérdida, irreversible, estaría entretejiendo angustias y pesar perpetuos en otras vidas. A ella sólo le robaría una tarde, sin embargo, al niño de la foto le robaban el resto de su niñez y hasta su adolescencia al lado de su padre.

Romina tragó saliva y se inclinó para continuar con su trabajo, que ya le había sacado bastantes gotas de sudor, sobre todo de la frente y los antebrazos. Su mente siguió enfocada en esas sensaciones de dolor que estarían arremetiendo a los conocidos del muerto. ¿Por qué lo habían asesinado? ¿Y por qué allí, en la oficina? ¿Cómo pudo salir quien lo hizo tan rápidamente del edificio sin que se note nada extraño?

separadorLa oscuridad de la noche que penetraba por los ventanales ya era definitiva, en ese momento. La luz que apenas ingresaba era completamente artificial. Los focos del despacho, encendidos hacía más de una hora, dejaban ver en la alfombra aún casi la mitad del gran manchón original todavía allí. La otra mitad estaba convertida en alfombra gris y mojada. Más oscura solamente por eso por la humedad del agua.

Romina no podía dejar de cavilar sobre el asunto, como si tuviera ella la carga de la resolución del crimen. Todas esas preguntas la acuciaban incesantemente: ¿Por qué en la oficina? ¿Por cuál de los tantos motivos que, entre bromas y llantos de los relatores, había escuchado en esas últimas semanas? ¿Cuál es el nombre de aquél que hizo eso y que la alfombra calla? ¿Quién habría cumplido ese sueño, largamente anhelado tal vez por el asesino de hecho o por las decenas de cómplices en la organización o por miles de personas en el mundo, de matar al propio jefe?

Anuncios

2 comentarios en “El secreto de la alfombra

¡No olvides comentar esto!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s