Bienvenido

soldado– ¿Nombre?

– Carlos Rogelio Fernández.

– ¿Edad?

– Treinta y tres.

– ¿Sexo? Masculino, claro.

– Sí.

– ¿Estado civil?

– Soltero. O sea ya no estoy casado.

– Entonces es divorciado, hombre.

– ¿Y por qué no puede decir soltero? Si es lo mismo.

– Mire, Fernández, mi trabajo no es darle explicaciones. Si estaba casado y ahora ya no, es divorciado, no soltero.

– Bueno.

– ¿Algo qué declarar?

– Muchas cosas, si le contara estaríamos hasta las nueve de la noche, y tendría que invitarle una cerveza para que se saque de encima mis problemas.

– No se haga el simpático. Aunque le puedo aceptar la cerveza. En algún momento fuera de servicio, claro.

Okay. ¿Eso es todo? ¿Podemos empezar?

– No, Fernández, antes que nada tengo que comentarle algunos puntos muy básicos pero importantes. Primero debo decirle que al haber tomado la decisión de unirse a este batallón usted deja atrás absolutamente todo lo que anteriormente creía o conocía. Somos un cuerpo de élite, y usted, Fernández, se regirá por las órdenes que reciba y por los procedimientos que le comentaremos aquí, sin derecho a réplica o cuestionamiento. Órdenes son órdenes y si alguna vez se le ordenara morir por el equipo, usted lo hará.

– Mmm…

– Todas las relaciones interpersonales que tenga en su vida pasan ahora a segundo plano. Usted llevará siempre el móvil encendido, esté donde esté y haga lo que haga. Cada vez que lo convoquemos, tendrá un máximo de veinticinco minutos para aprestarse y quedar a disposición de la unidad. Asimismo, nuestro batallón organiza, en ocasiones, actividades extracurriculares de esparcimiento, a los que se obliga a participar sea cual fuere la circunstancia. No me mire así, el futbol y el asado son un agente cohesivo extraordinario. No podemos vivir en este nivel de estrés sin una válvula de escape. Además estos encuentros sí se avisan con mediana anticipación. Uno o dos días antes usted ya estará en conocimiento, Fernández.

– …

– Por último, pero no menos importante: si usted, estando en servicio, infringiese alguno de los puntos del código de ética estricto que manejamos, será sancionado severamente la primera vez y a la segunda, expulsado sin condicionamientos. Tiene que comprender que, en el medio en el que estamos, todos debemos confiar en todos. Rotundamente y sin reservas. Los Lobos Rabiosos, se han caracterizado siempre por esto, desde los más veteranos de la tropa hasta los más nuevos, todos ponen su vida en manos de los demás. Y si hemos tenido tantos éxitos en estos siete años de servicio ininterrumpido, se debe en una gran medida a este punto que le cuento. ¿Tiene alguna objeción sobre todo esto que le acabo de explicar?

– No, no la tengo.

– ¿Alguna pregunta?

– No.

– Entonces, Carlos Fernández, bienvenido al Batallón de Halo Lobos Rabiosos, fundado en 2005.

­– Gracias, Ricky.

– Nos vemos esta noche, Cacho.

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