Terror

terror

Si le hubieran dicho a él que iba a llegar el momento en que iba a sentir terror, sólo se hubiera muerto de la risa, con lágrimas, carcajadas y dolores de abdomen incluidos.

Lo que pasa es que Rubén era un tipo bravo. En la Buenos Aires de la década de 1910, él no conocía a nadie más guapo, corajudo y hábil con el cuchillo que él mismo.

Los pocos que estuvieron próximos a su altura fueron puestos panza para arriba por Rubén García. Su habilidad y confianza en sí mismo conspiraban para que en su personalidad, granítica, no se filtrara la mínima sombra de duda. No se filtraban el dolor, ni la desesperación ni mucho, pero mucho menos el terror.

¿Cómo podría sentir terror alguien que, ni en el peor momento temió por su vida? Y no es una pregunta retórica. Rubén se había batido a duelo, en sus 43 años de edad, un par decenas de veces, pero nunca estuvo tan cerca de la muerte como aquella en 1908 contra “el negro” Bagué. El morocho había logrado someter la ancha espalda y los musculosos brazos de Rubén García, tomándolo por atrás, luego encestarle un facazo en la pierna derecha. Sin embargo, Rubén no se desesperó. Sabía que por el código moral por el que se regían entonces Bagué no lo iba a liquidar mientras le daba la espalda. Con todas las fuerzas que pudo juntar en la pierna herida, Rubén logró darlo vuelta al “negro” y, mirándolo a los ojos, clavarle el cuchillo en el pecho en tres ocasiones. No sacó el puñal hasta que el moreno dejó de patalear.

Igualmente no existía en su alma el terror al más allá. Comprendía que el barba hacía su propia vida. A veces lo acompañaba, a veces no, pero en cualquier caso no tenía nada que recriminarle ni Rubén que ocultarle. Sabía que el Todopoderoso comprendía el porqué de las muertes que dio, ya que sabía que de entre los valores más importantes del ser humano debía estar el honor. Por otro lado jamás había pegado a una mujer, un niño o un judío.

Tampoco embargó nunca su corazón el terror amoroso. Rubén tuvo siempre a quien quiso, casi siempre sin pagar, ya que sus ojos negros y profundos eran seductores por propia naturaleza. No hacía falta para nada chamuyar ni cultivar otras virtudes cerca de la música, por ejemplo, con la milonga tan en boga. La historia es parecida en este rubro a la de los duelos a muerte. El peor de los momentos imaginados por un varón, encontrar a la mujer de uno, de la cual estaba enamorado verdaderamente, pecando en un callejón semivacío y oscuro tras salir de un bar, lo había vivido con toda la altura y sin asomo de terror. Ni de ser vejado por los vecinos ni de poder por primera vez matar a una mujer. Rubén era un caballero con todas las letras, volvió al bar y siguió bebiendo grapa hasta que todo el asunto desdibujó, esa misma noche, y no volvió a pensar en la minusa.

Pero se ve que Rubén García se estaba poniendo viejo, que le habían bajado las defensas o se había puesto más sensible, aunque la senilidad estaba muy lejos de ser una realidad. Era, todavía, joven y hasta un segundo antes se sentía completo, fuerte y tranquilo. Bravo, ya la dijimos, bravo era su palabra. Como si la humanidad de este hombre pudiera emparentarse sólo con un atributo taurino, bien macho.

Rubén García sintió terror al llegar al bulín, y no porque lo esperara algún desheredado para vengarse y mandarlo al otro lado, o por encontrar a la muchachita con la que estaba con otro hombre. Sintió terror cuando de su piecita salía una señora mayor que no conocía y su chiquilina se le acercó y le dijo, susurrando y con lágrimas en los ojos: “Estoy embarazada”.

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6 comentarios en “Terror

  1. Una situación complicada, bien definida, normalmente a los hombres les da TERROR, o al menos lo demuestran más que nosotras ya que también sentimos TERROR ante ésta situación, mas si las condiciones no son las esperadas, pero normalmente el terror se transforma, en su mayoría de los casos, en una maravilla viviente, al menos para mi..

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